La educación inclusiva es un
proceso que entraña la transformación de las escuelas y otros centros de aprendizaje para atender a todos
los niños, tanto varones como niñas, a alumnos de minorías étnicas, a los educandos
afectados por el VIH y el SIDA y a los discapacitados y con dificultades de
aprendizaje. El proceso educativo se lleva a cabo en muchos contextos, tanto
formales como no formales, en las familias y en la comunidad en su conjunto.
Por consiguiente, la educación inclusiva no es una cuestión marginal, sino que
es crucial para lograr una educación de calidad para todos los educandos y para
el desarrollo de sociedades más inclusivas.
Cuando los niños no tienen la
oportunidad de desarrollar su potencial en los años decisivos de la infancia,
sus familias están más expuestas al riesgo de empobrecerse o de deslizarse por
la pendiente de la pobreza crónica. De esta forma, hacer que la educación sea
más inclusiva contribuye al logro de los Objetivos de Desarrollo del Milenio de
erradicación de la pobreza extrema y de
la enseñanza primaria universal. Contribuye asimismo a los objetivos más
generales de justicia social y de inclusión social.

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