viernes, 23 de marzo de 2012

Características de la sexualidad humana en la adolescencia

La etapa evolutiva comprendida entre los doce y los veinte años, constituye un período en el que, por excelencia, los individuos se insertan, o pueden llegar a hacerlo, de manera plena en el mundo de las personas adultas.  Es la etapa de consolidación de la identidad juvenil de género, apoyada en los grandes cambios que han comenzado en el estadio anterior.

            Aproximadamente entre los 11 y los 14 años, con diferencias entre diferentes culturas y nacionalidades, se producen grandes cambios en el individuo a nivel biofisiológico, psicológico, afectivo e intelectual.  En su conjunto conforman, como resultado de la interacción con el medio, la identidad juvenil de género.

            La identidad de género supone la integración de variables comportamentales, apoyadas en el desarrollo sexual y los procesos biofisiológicos y psicológicos: maduración fisiológica para la reproducción, ciclo de respuesta sexual y preferencia sexual: heterosexualidad y reestructuración de la identidad sexual: esquema corporal, imagen y autoconcepto.

            Una de las manifestaciones más típicas, pero no por ello menos importante, la constituye la aparición de la menarquía y las primeras eyaculaciones, identificadas erróneamente con la maduración sexual. Fenómenos que incitan, inicialmente, a una búsqueda más intensa de información sexual.

            Entre las personas adolescentes con discapacidades psíquicas el ritmo de aparición y consolidación de estos cambios es más lento.  Sabemos, por ejemplo, que las niñas tienen más información que los niños y menos experiencia sexual que éstos, mientras que entre las personas con discapacidad ocurre lo contrario en lo que se refiere a las experiencias sexuales, probablemente porque las niñas son objeto de un gran número de abusos sexuales, incluso en el seno de la propia familia (Barragán y Velázquez, 1986).

            Si bien es cierto, que las manifestaciones a las que aludimos son características de¡ período comprendido entre los 12 y los 16 años, pueden -en algunos casos- aparecer de forma tardía, pero siguen constituyendo temas de interés también en estas edades.

            Las relaciones expuestas entre información sexual y comportamiento deben hacernos olvidar definitivamente el miedo a despertar "prematuramente el comportamiento o el deseo sexual" cuando hacemos intervención en educación sexual ya que carece de fundamento.

            No es nuestra intención hacer una referencia exhaustiva al comportamiento sexual en esta etapa, pero sí nos parece importante señalar que existe una amplia gama de comportamientos tales como la autoestimulación, relaciones heterosexuales, hornosexualas enfermedades de transmisión sexual y el Síndrome de inmunodeficiencia adquirida (S.I.D.A).


            La evolución de las conductas autoestimulatorias es importante, principalmente entre los chicos, y según los datos de los que disponemos aumenta la frecuencia con respecto al período 12-16.  Así, "con estudiantado de los primeros curso de secundaria, se constató que el 87.74% de las chicas y el 38.42% de los chicos no se habían masturbado nunca.  Cifras que se redujeron en la investigación realizada con estudiantes de segundo ciclo de secundaria a un 70.51% y un 12.16% en el caso de las muchachas y los varones respectivamente" (González, 1989, 65).

            Igualmente el comportamiento heterosexual implica una diversidad de conductas desde las primeras citas, la experiencia de beso en los labios y beso profundo, estimulación activa y pasiva de los genitales por encima y por debajo de la ropa, así como contacto intergenital sin penetración.  Conductas, que en su conjunto se irán ampliando y afianzando a partir de los 16 años.  En este sentido, el estudiantado de segundo ciclo de secundaria declara haber practicado el primer coito, mayoritariamente entre los 15 y los 16 años, en el caso de las chicas; y entre los 14 y 15 años en el caso de los varones.  Estas y otras prácticas sexuales son ocultadas sistemáticamente a la madre y el padre. 

            Un dato que tiene relevancia sobre los temas de aprendizaje que proponen, es la utilización de métodos anticonceptivos.  Aunque el 69.5% de las mujeres y el 73.4% de las chicos, declara no utilizarlos, y para ello aluden, fundamentalmente, a que no les convence su empleo; los métodos más utilizados son los preservativos (38.8% en mujeres, y 86.6% en hombres), días no fértiles y píldora entre las mujeres y coito interrumpido, días no fértiles entre los varones (Barragán y Rodríguez, 1989).  Entre la población adolescente de Andalucía "El preservativo es el método que se declara como más utilizado -según citan Bimbela y Cruz, 1997,117- aunque casi la mitad de las mujeres entrevistadas no utilizan métodos anticonceptivos.


La adolescencia y los efectos no deseados de la sexualidad:

            Con frecuencia se habla de los "riesgos o los peligros" de la sexualidad.  Frente a esta idea negativa, preferimos usar el término efectos no deseados.  La masturbación o autoestimulación, los embarazos, las relaciones homosexuales y lesbianas, la violencia sexual, las enfermedades de transmisión sexual y el Síndrome de inmunodeficiencia adquirida (S.I.D.A).

            Recordemos que la función primordial de la educación sexual en aprender a ser felices, a vivir la afectividad como forma de bienestar y disponer de recursos y habilidades sociales para resolver los conflictos interpersonales.

            Nos podemos encontrar, por ejemplo, con problemas consecuencia de la violencia sexual: "En caso de violación y aborreces a los hombres, si cuando te gusta uno y le quieres contar tu caso para que te ayude a superarlo y quieres amarlo pero cuando llega el momento no puedes, ¿cómo puedes superarlo?"

            La violencia, que fundamentalmente es masculina, se genera por la idea de que el hombre es el propietario de la sexualidad de las mujeres y por los estímulos negativos que continuamente nos ofrecen los medios de comunicación social.  Por ello es uno de los temas claves para abordar desde la perspectiva de género.

            Las enfermedades de transmisión sexual o el sida no se evitan prohibiendo las relaciones o recomendando su retraso, sino con una consecuente educación sexual fomentando un concepto de sexualidad más abierto y flexible al margen deL restrictivo marco de las relaciones genitales o la penetración.  Es necesario conocer todo el potencia¡ humano que implica la afectividad, las caricias, los besos sin que éstos sean entendidos como un sustituto de las relaciones con penetración.

            Las actitudes autoritarias o de control por parte de madres y padres no evitarán el comportamiento sexual.  La educación sexual, sin embargo, contribuirá a vivir de forma satisfactoria y con capacidad para planificar los efectos deseados de la sexualidad.  Es necesario poner límites, todas las personas los tenemos.  Pero los límites deben ser el fruto del diálogo y no el resultado de la imposición.

Los efectos deseados de la sexualidad en la adolescencia:

            Casi siempre se hace referencia a la sexualidad en la adolescencia de forma restrictiva y negativa, por ello nos parece importante sustituir el discurso coercitivo y de la culpa por una perspectiva amplia y positiva de la sexualidad.

            Una vivencia satisfactoria de la sexualidad implica una correspondencia entre nuestros deseos y la posibilidad de realizarlos.  Así, es importante fomentar la autoestima para aceptar nuestras características estéticas, corporales y la aceptación de los cambios que se producen en la pubertad.

            Como consecuencia de estos cambios, hemos de favorecer una integración no discriminatoria de las diferencias sexuales y un análisis crítico de cómo las diferencias sociales no pueden justificarse como consecuencia de los cambios biológicos.

            Por último, recordar que frente al restrictivo marco genital, heterosexual y reproductivo, la sexualidad humana implica erotismo, sensualidad, ruptura de las relaciones de dominación y explotación, eliminación de la violencia, descubrir el potencial erógeno de todo nuestro cuerpo y aprender a desarrollar conscientemente formas positivas de afectividad, comunicación y placer.

 Raúl Cheix M.
Director CEIS Orientación y Capacitación
Seminario de Educación Sexual

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