Al abordar el tema de sexualidad, no podemos olvidar que ésta se
encuentra inmersa en nuestra cultura. Cada sociedad vive la sexualidad de una
manera determinada y, en nuestro caso, no podemos obviar que vivimos en una
cultura de género, donde hombres y mujeres somos educados y educadas en roles
diferentes, en función de las tareas que la sociedad espera que desempeñemos
por ser de uno u otro sexo. De igual modo, no podemos ignorar que vivimos en
una sociedad patriarcal, es decir, en una sociedad donde se valora lo masculino
y se infravalora lo femenino, donde existe una jerarquía en la que,
desafortunadamente en pleno siglo XXI, el hombre ocupa una posición superior a
la mujer.
Por ello el objetivo de fomentar educación sexual en las instituciones
educativas, o darles información sobre sexualidad es ayudar a niños y jóvenes a
desarrollar el conocimiento, la autonomía y las habilidades, como son: la
comunicación, la toma de decisiones y la negociación para hacer la transición a
la edad adulta gozando de buena salud sexual. La educación sobre la sexualidad
debe incluir información sobre la anatomía y fisiología, la pubertad, el
embarazo y las enfermedades de transmisión sexual (ETS), incluyendo hablar
sobre el Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH) y Síndrome de
Inmunodeficiencia Adquirida, (SIDA).
La educación sexual debe abordar las relaciones y emociones implicadas
en la experiencia sexual. Debe tocar el tema de la sexualidad como una parte
natural, íntegra y positiva de la vida. Así como promover la igualdad de
género, la autoestima y el respeto por los derechos de los demás.
Debido a nuestra sociedad y a nuestra cultura, la educación sexual, tal
y como la hemos recibido la mayoría de las personas, es inexistente y esto nos
lleva a que tengamos interiorizadas concepciones erróneas sobre la sexualidad;
así como mitos, prejuicios y falsas creencias sobre la misma, que nos impiden
mantener relaciones sexuales positivas, sanas y placenteras.
Las relaciones sexuales exigen habilidades de comunicación, capacidad
para analizar nuestros sentimientos y resolver conflictos, y esto no se nos
enseña, ni en nuestras casas ni en los colegios. La sexualidad sigue
considerándose un tema tabú, del que sólo se habla llegada la pubertad, si es
que se habla, teniéndose que obtener esta información a través de nuestro grupo
de iguales o a través de medios como revistas, películas, internet, libros,
etc. Estos medios, en muchas ocasiones, nos ofrecen una visión reduccionista de
la sexualidad, centrada en la dimensión biológica de la misma.
La educación sexual debe enseñarse desde un punto de vista afectivo, o
sea afectivo-sexual porque esta educación afectivo-sexual debe basarse,
principalmente, en dos líneas de actuación: proporcionar las habilidades de
comunicación y de negociación adecuadas, por una parte, así como educar en los
conceptos de igualdad y de respeto, por la otra. Porque contar con una
apropiada educación sexual permitirá mantener relaciones realmente
igualitarias, donde cada persona sea dueña de su propio placer y de su propia
sexualidad.
Por otra lado sabemos que entre los numerosos problemas que la escuela y
la familia tienen planteados hoy, está el de afrontar el tema de la educación
sexual, como una parte más de la educación integral de los hijos. Problema que
posee una importancia particular por la complejidad del mismo y por la ausencia
de atención que ha sido objeto en el pasado
La educación sexual, desafortunadamente se ha trabajado desde 1932 que
se instituye en la educación primaria y secundaría (Latapí, 2003) con un
enfoque biologista, desarrollado en las escuelas a través de los cursos de
Biología, Ciencias Naturales y Valores y Ética.
Luego, dentro de los diferentes intentos de reformas y rechazos, la
educación sexual pasó por una etapa vinculada al control de la natalidad, cuyos
argumentos se sustentaban en la tesis que las sociedades subdesarrolladas lo
eran por un excesivo crecimiento poblacional. Y este nuevo sentido que se le
dio a la política demográfica de México, logra incorporar a través de la
Reforma Educativa de 1970, contenidos referidos a la educación de la
sexualidad, en las escuelas primarias y secundarias.
Hasta ahora, un último intento por incorporar u otorgar educación sexual
en las instituciones educativas, está vinculado al control de la pandemia del
SIDA. Desafortunadamente reduciendo la educación sexual a las relaciones
genitales y reproductivas.
En síntesis, se puede señalar que la educación sexual en el país, como
responsabilidad asumida por el Estado, se remite a la década de los 30 cuando
Narciso Bassols, llevó a cabo una campaña anticlerical, que se relaciono
posteriormente con la educación socialista, en el sexenio de Lázaro Cárdenas.
La propuesta de Bassols, en 1932 no solo trataba de evitar que las
escuelas hicieran propaganda religiosa, sino también, se procuraba que la
explicación de la vida se basara en conceptos y actividades alejadas de toda
creencia religiosa. Por lo que establece:
"La educación sexual debe impartirse desde el
3er. ciclo de la escuela primaria y en alguno o en algunos grados de la escuela
secundaria." (Latapí, 2003).
Y aunque desde hace más de 77 años está el compromiso de impartir
educación sexual en las instituciones educativas de nivel básico y medio, hoy
día se debe hacer énfasis en la trascendencia de cumplir con esos programas e
impartirlos adecuadamente mediante diversos recursos didácticos y responsabilidad esa información
educativa sexual, por la que tanto se ha luchado. Quedando sobreentendido que
esa formación e información debe iniciar y continuar en la familia, donde
parten esencialmente los valores del ser humano, para reafirmarse en la
escuela.
Aunque muchas veces por la falta de preparación de los padres la
educación sexual no se da en el seno familiar. Entonces es fundamental que la
educación sexual se imparta adecuadamente por los docentes responsables porque durante la niñez y la
adolescencia principalmente, la escuela es como la segunda casa.
Desafortunadamente, a través de la historia se ha demostrado que en
muchos pueblos, la educación sexual ha sido prohibida, mala e indebida. Porque
hablar de sexo es todavía para muchas personas, despertar en los niños y
adolescentes ideas y pensamientos malsanos y creen que el callar y no mencionar
temas sexuales dejan de existir los problemas relativos a ello.
Es curiosa la costumbre de algunas familias de asombrarse y preocuparse demasiado para evitar por todos los medios posibles tratar temas de amor. El amor existe en todos los periodos de la vida, el amor existe en el hogar, en la escuela, en la sociedad; sin amor las relaciones humanas serían insoportables.
Es curiosa la costumbre de algunas familias de asombrarse y preocuparse demasiado para evitar por todos los medios posibles tratar temas de amor. El amor existe en todos los periodos de la vida, el amor existe en el hogar, en la escuela, en la sociedad; sin amor las relaciones humanas serían insoportables.
Es preciso hacer notar a la niñez, a través de la educación sexual, que
la pubertad y la adolescencia son períodos consecuentes de un desarrollo normal
y que además de los cambios físicos y funcionales, se presenta la madurez de
los órganos sexuales. Porque la madurez sexual permite al ser, proyectarse ante
la sociedad en forma muy especial y diferente a la conducta observada en la
infancia y con los adultos. Y que los cambios físicos del adolescente le ayudan
a afirmarse y a tener conciencia del sexo.
La educación sexual en la escuela mexicana.
La preocupación por impartir educación sexual en las escuelas mexicanas
se remonta con Narciso Bassols titular de la Secretaría de Educación Pública
(SEP), en el período del General Abelardo L. Rodríguez como presidente de 1932
a 1934. Bassols recomendó incluir educación sexual en las escuelas públicas,
desde el Tercer grado de educación primaria hasta el Tercero de educación
secundaria.
En 1932, la SEP planteó la necesidad de una Reforma de la Educación
Básica (Martínez Cárdenas, 1996). La comisión técnica consultiva, recomendó que
se impartiera educación sexual desde el tercer año de primaria que tendiera a
explicar las “leyes biológicas que contribuyen al
perfeccionamiento de la especie humana” e incluyera en sus programas
educativos “las clases de higiene y moral
sexuales como obligatorias en las escuelas oficiales y particulares”(Gayet, 2005).
Dicha medida, fue enérgicamente atacada por sectores de derecha y por la
Iglesia Católica. Dentro de la ola de repudio conservador, líderes de grupos de
padres de familia, todos de filiación confesional, se opusieron con los
razonamientos siguientes: “La educación sexual, cualesquiera que sean los
beneficios que reporte, no compensará la perdida de pudor que trae consigo”;
“los asuntos sexuales dichos al oído por no importar qué persona y cualquiera
que sea la forma, causan menos daño que el que causará expuestos en forma
científica por los maestros”; “es tan corto el número de lesionados o
degenerados por falta de educación sexual que no amerita aceptar los
incalculables riesgos de esta reforma”. (Meneses, 1986: 619) todas estas fueron
frases dichas por la Unión Nacional de Padres de Familia (UNPF), organización
creada por el gobierno federal que posteriormente se volvió en su contra
organizando a más de 5 mil maestros para que se opusieran y se revelaran contra
la Reforma educativa que deseaba echar a andar en todas las escuelas primarias
y secundaría de México Narciso Bassols.
La conclusión era de la Unión Nacional fue que sólo la Iglesia debía
proveer cualquier tipo de guía sexual: “La educación sexual no debe ser
colectiva, para que los educandos no se pierdan entre sí el mutuo respeto que
se deben. En consecuencia la educación sexual debe ser individual y no debe ser
impartida por los maestros, dada su ignorancia y falta de preparación; tarea
tan delicada sólo puede ser encomendada al confesor”. (Meneses, 1986: 625). En
esa época existía una fuerte presencia eclesial, por lo cual continuaron
presentándose movilizaciones populares que forzaron al gobierno a disminuir
paulatinamente el ímpetu en la aplicación de la Reforma de la Educación Básica
(Martínez Cárdenas, 1996).
Al proyecto de educación sexual se opusieron principalmente el clero y
la Unión Nacional de Padres de Familia promovieron un movimiento de huelga
sumando la inconformidad de líderes magisteriales opuestos a la educación
socialista que consideraban que el proyecto Bassols era parte de una ofensiva
comunista de desestabilización de la cultura y la tradición familiar mexicana.
Así, los sectores más conservadores del país, constituyeron un verdadero
obstáculo para su desarrollo, al grado que lo llevaron a renunciar al cargo de
Secretario de Educación en mayo de 1934.
Con la renuncia de Narciso Bassols y las diversas oposiciones a la
Reforma educativa del General Abelardo L. Rodríguez nunca se pudo poner en
marcha, y mucho menos la educación sexual en las escuelas, aunque el plan, en
su mayoría, eran una instrucción de reproducción animal y vegetal.
Poco antes de que concluyera el año de 1934 el Congreso de la Unión
aprobó la propuesta del Partido Nacional Revolucionario (PNR) de modificar el
artículo tercero constitucional. Ya reformado, el texto establecía que la
educación impartida por el estado debía ser socialista, excluir toda doctrina
religiosa y combatir el fanatismo mediante la inculcación de un concepto
racional y exacto del universo y de la vida social.
En 1935, Lázaro Cárdenas restringió la campaña anticlerical y canalizó
los esfuerzos hacia la realización de su proyecto social. Promover la educación
socialista para que llegue a todos los rincones del país, así como dar
educación sexual en los niveles de primaria y secundaría.
En 1939 se puso a discusión el proyecto que contemplaba el proporcionar
educación sexual a todas las primarias de México, tanto pública como privada.
Desafortunadamente el proyecto se aborto por los docentes más conservadores y
líderes magisteriales por considerarse una instrucción socialista.
Pero la llamada educación socialista, impulsada y
aplicada a finales de 1934 con la presidencia de Lázaro Cárdenas, y que duró
hasta el final de la de Ávila Camacho, en 1945, tenía solo la idea de formar un
hombre libre de prejuicios y fanatismos religiosos, y una sociedad igualitaria,
con una visión romántica y entusiasta con los primeros logros de la revolución
soviética (Martínez Cárdenas, 1996).
Cabe destacar que a mediados de la década de 1940 se estableció la
tendencia que se conoce con la expresión de escuela de la
unidad nacional, promovida por Jaime Torres Bodet, lo que supuso el casi abandono del
proyecto de educación socialista. Los cambios obligaron al régimen cardenista a
matizar sus propuestas y no hostigar tanto a las escuelas católicas promoviendo
la educación laica en las escuelas públicas.
Es hasta 1946 cuando se reforma la Constitución para eliminar la palabra
socialista, puesto que la Reforma establecía que la “educación debía ser
socialista”, y de paso modificaron la política educativa, ya que dieron marcha
atrás con la educación sexual. (Letra Libres, número 113, diciembre de 2005).
Es a finales del 46 cuando se promulga una reforma al Artículo 3º
constitucional para reconvertir la educación socialista y en su lugar
establecer una educación integral, científica y democrática para combatir los
altos índices de analfabetismo que imperaban en la época. Y desafortunadamente
no se tocó ningún punto para establecer algún plan de educación sexual en las
instituciones educativas.
Asimismo, en el transcurso de la posguerra, en el periodo conocido como
de consolidación, y sexenio de Miguel Alemán (1946-1952) se dio continuidad a
la política educativa de Manuel Ávila Camacho.
En este periodo, tampoco se llevo a cabo algún intento por promover
educación sexual, sin embargo, nuestro país participó activamente en diversos
proyectos de la recién creada Organización de las Naciones Unidas para la
Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO),de esta manera, en la década de
1940 a 1950 se fundaron diversas instituciones educativas, entre ellas, el
Comité Administrador del Programa Federal de Construcción de Escuelas (CAPFCE),
el Instituto Nacional de Bellas Artes, la Asociación Nacional de Universidades
e Institutos de Enseñanza Superior (ANUIES) y el Centro Regional de Educación
de Adultos y Alfabetización Funcional para América Latina (CREFAL). En 1950
inició otro periodo importante en la historia del sistema educativo mexicano,
el de la expansión, mismo que culminó hasta la década de los noventa.
En los gobiernos de Adolfo Ruiz Cortines, Adolfo López Mateos y Gustavo
Díaz Ordaz (1952-1970) se consolidaron varias de las propuestas de los
gobiernos anteriores (Martínez Cárdenas, 1996). Cabe destacar que en materia de
servicios educativos crecieron proyectos en forma importante. Por ejemplo el
gasto en educación aumentó, especialmente en subsidios a las universidades y
salarios de los profesores. Asimismo, se creó el Consejo Nacional Técnico de la
Educación (CONALTE) y el Centro de Investigación y Estudios Avanzados del IPN (CINVESTAV).
En los últimos sexenios, con López Mateos y Díaz Ordaz se consideró
importante ampliar las oportunidades educativas mediante apoyos económicos a la
educación normal y la capacitación para el trabajo. Entre las políticas más
importantes de ambos sexenios se encuentran la formulación del Plan para el
Mejoramiento y la Expansión de la Educación Primaria en México o Plan de Once
Años y la distribución de libros de texto gratuito para las escuelas primarias,
que también motivó la creación de la Comisión Nacional de los Libros de Texto
Gratuito (CONALITEG).
Es relevante comentar que el Plan de Once Años intentó enfrentar los
problemas que planteó la explosión demográfica, tratando de prever las
necesidades que anunciaban las proyecciones de crecimiento de población con una
planeación que permitiera preparar aulas, maestros y materiales para dar
respuesta a las nuevas necesidades por la sobrepoblación mexicana. Se aplicaron
medidas de emergencia en construcción de aulas y Capacitación de personal, pero
ninguna medida sobre planificación familiar y mucho menos la implementación de
educación sexual en las diferentes instituciones educativas, seguía siendo un
mito.
Es hasta la década de los 70, después de los diferentes intentos de
reformas y rechazos en los años 30, cuando la educación sexual pasa por una
etapa vinculada al control de la natalidad. El nuevo sentido que se le dio a la
política demográfica de México de no ser un país subdesarrollado por el exceso
de población y no poder dar respuesta a las necesidades del país, con Luis
Echeverría, es como se logra incorporar a través de la Reforma Educativa de
1970, contenidos referidos a la educación de la sexualidad, en las escuelas
primarias y secundarias.
Educación sexual o política poblacional.
La verdadera educación sexual que se ha registrado
en México parte realmente de la Administración de Luis Echeverría Álvarez
(1970-1976), desafortunadamente porque el país se convirtió en la segunda
nación a nivel mundial con el índice más alto de madres solteras, según
informes del Consejo Nacional Técnico de la Educación de 1971, dicho informe
estimó que ha sido un efecto de la ignorancia y de la desinformación sobre el
tema.
El presidente Luis Echeverría tuvo que luchar contra las diferentes
oposiciones manifestadas por la Unión Nacional de Padres de Familia. Porque la
Reforma Educativa de los años setenta significó la institucionalización de los
temas de sexualidad en los planes y programas de estudio de la educación
básica: Modelo de Educación Sexual (mes) plasmados en los programas de estudio
y en los libros de texto de la escuela primaria (CONAPO, 1988).
El exceso de población ponía en jaque las expectativas, proyecciones y
planes de los gobiernos y los grandes capitales. Es por ello que a partir de
los años setenta se instituye en México la educación sexual en el discurso
educativo oficial, ligado de manera directa a la importancia que adquirieron en
ese momento los fenómenos demográficos, como ya se mencionó.
Lo anterior produjo una intensa discusión en la que participaron
distintos sectores e instituciones, como la Iglesia, los partidos políticos,
los periodistas e intelectuales, los maestros y la famosa Unión Nacional de
Padres de Familia.
Pero el problema de población realmente era grave, y el gobierno echeverrista
no hace eco a las diferentes discusiones y manifestaciones. Y a principios de
su sexenio, 1970 crea el Consejo Nacional de Población (conapo), el cual nace
con la intención de promover y coordinar las acciones gubernamentales para el
control de las variables demográficas, y para elaborar un modelo de educación
sexual, no sólo para ser impartido en las instituciones educativas, sino para
dar paso a impartirse en todos los sectores, como clínicas de salud, a través
de telenovelas y en diferentes propagandas por mencionar algunos ejemplos.
Las metas de dicho organismo fueron: “Reducir la tasa de crecimiento
anual al 2.5 por ciento para 1980, así como modelar la conducta sexual de los
mexicanos en cuanto a la educación sexual y el uso de anticonceptivos” (conapo,
1975:12).
En el caso de la Secretaría de Educación, el conapo tradujo sus
propósitos y metas, en el marco de la nueva Reforma Educativa, en temas
demográficos y de educación sexual insertos en los programas de estudio y en
los libros de textos gratuitos de instrucción primaria (González, 1982:41).
La coordinación conapo-sep se hizo evidente en la Ley Federal de
Educación, documento en el que se señaló que una de las finalidades de la
educación sería: “Hacer conciencia sobre la necesidad de planificación familiar
sin menoscabo de la libertad personal”. (Latapí, 1971:32). Al insertar la
educación en materia de población y de sexualidad en la educación básica se
dispuso también su carácter obligatorio. El nivel educativo prioritario fue la
primaria, por su carácter masivo, por la existencia de textos únicos que
garantizaban contenidos comunes y por ser el más ampliamente difundido a lo
largo y ancho el país (Latapí, 1971:35).
Con respecto a los primeros contenidos sobre sexualidad en la educación
básica. La forma equilibrada como se abordaron los temas polémicos permitió a
las autoridades de la SEP contar con el apoyo tanto de educadores y
especialistas en sexualidad como de sectores conservadores y hasta algunos
obispos, pero sobre todo, con el apoyo casi unánime de la opinión pública, ya
que una encuesta aplicada, en junio del 70, por la empresa Gallup y auspiciada
por el Instituto Mexicano de Investigación de la Familia y la Población, arrojó
que 95 por ciento de las madres y padres de familia apoyaban la educación
sexual en las escuelas (González, 1982:55).
Cabe mencionar que el modelo de educación sexual que se instauró en
México, además de estar inscrito dentro de los propósitos estatales e
internacionales, para modificar las variables demográficas, también se conformó
con base en las tradiciones culturales mexicanas acerca de la familia, de los
roles de género y de acuerdo con ciertos silencios sobre temas de sexualidad.
La educación sexual fue el producto de un conjunto de fuerzas sociales, algunas
bajo la forma de pautas profundamente arraigadas, y otras conformadas por
organizaciones sociales, que justificaban su posición con objetividad de los
saberes científicos o en las tradiciones. Fuerzas sociales que pugnaron por la
“moral y las buenas costumbres” y fuerzas que desde las filas progresistas
salieron a la defensa de un modelo, básicamente informativo y centrado en la
descripción biológica nuevamente como en los años 40 (González, 1982:43)
Es importante destacar que desde la visión de las fuerzas que pugnaron
por la moralidad y la preservación de las buenas costumbres, tales como la
Unión Nacional de Padres de Familia y algunos sectores de la Iglesia católica,
la educación sexual era asunto exclusivo de la familia, la cual estaba
estructurada de manera nuclear y configurada mediante roles que debían aprender
los niños según los cánones preestablecidos para cada sexo (Meneses, 1991).
Desafortunadamente las fuerzas progresistas lograron imponer una visión
fundamentalmente biológica en cuanto a la sexualidad, ligada además a un
terrorismo verbal que justificaba el control natal por el hecho de “ser muchos
y pocos los recursos”. Así, el modelo de educación sexual plasmado en programas
y libros de texto se estructuró sobre dos ejes principalmente: la reproducción
de roles estereotipados y la intención de introyectar en los niños
modificaciones en la conducta sexual con miras a lograr el control natal.
El Modelo de Educación Sexual (mes) se concretó de manera más clara en
el 74 y 75, años en los que la propuesta se generalizó y masificó mediante la
edición de más de 70 millones de libros de texto. Para 1978, con José López
Portillo se realizaron algunas modificaciones con la introducción de una nueva
temática: “Educación para la salud”, con la cual se buscaba mejorar el nivel de
vida de los escolares en este aspecto, aunque para esta área no se diseñó libro
de texto. La unidad de trabajo que de manera más directa trataba los contenidos
de sexualidad era la de “Crecimiento y desarrollo”, incluida en el libro de
Ciencias naturales de los grados Quinto y sexto de primaria (Meneses, 1991).
Los maestros desafortunadamente centraban su quehacer pedagógico
siguiendo los libros de texto proporcionando únicamente una educación sexual
con carácter informativo-biológico, tal y como se puede apreciar en el libro de
texto de Quinto grado de Ciencias Naturales. Además de relacionar la
información de educación sexual con los estereotipos sobre la familia nuclear y
con los roles tradicionales de sus miembros según su género. Por ejemplo, la
función proveedora era responsabilidad del padre y la función reproductora y
doméstica de la madre (Pico, Isabel, 1983). Aunque los contenidos del libro de
sexto, también de Ciencias Naturales levantaron un amplio debate social de la Unión
Nacional de Padres de Familia, ya que presionó, por medio de movilizaciones,
quemas de libros y desplegados en periódicos nacionales, a las autoridades de
la sep para eliminar de dichos textos los temas sobre el proceso de
fecundación, gestación y características fisiológicas de cada sexo. Porque para
la UNPF era inconcebible que se incluyeran dibujos que mostraran a un niño y a
una niña, ambos desnudos, con sus órganos genitales y su función a detalle.
Afortunadamente la sep no dio marcha atrás en cuanto a lo anterior, pero
sí introdujo algunas modificaciones a los textos de sexto grado de primaria.
Fue en el periodo de José López Portillo y Pacheco (1978-1982) ya que a partir
de la edición de 1978; se le agregaron frases complementarias acerca del papel
del padre y la madre en la sociedad, por supuesto desde los roles
tradicionales, así como la idea de que la institución de la familia es el único
espacio posible para el ejercicio de la sexualidad (Pico, Isabel, 1983).
Con esta imagen de los libros de texto más el eslogan difundido en todos
los medios de comunicación de: “La familia pequeña vive mejor” (CONAPO, 1982)
es como se continúa la educación sexual en las instituciones educativas hasta
principios de 1992, puesto que en mayo de ese mismo año aparece el tan famoso
Acuerdo Nacional para la Modernización de la Educación Básica.
Cultura de la sexualidad.
Las reformas introducidas a los libros de Ciencias Naturales de 5o. y
6o. grado de primaria abordan el tema de la sexualidad humana desde una perspectiva
integral, ya que incorporan temas como la violencia de género, el condón, las
enfermedades de transmisión sexual, como el SIDA, las adicciones, la
eyaculación, la menstruación, entre otros. Estos cambios fueron motivo de
debates, pero en esta ocasión no hubo quema pública de libros de texto por
parte de organizaciones católicas, ya que en la década de los 90 era más
importante detener la pandemia del SIDA e ir atacando las diferentes
enfermedades de transmisión sexual.
En mayo de 1992, periodo de Carlos Salinas de Gortari, se firma el
Acuerdo Nacional para la Modernización de la Educación Básica de la Secretaría
de Educación Pública, parte del acuerdo es la renovación de los libros de texto
gratuitos de la educación primaria, principalmente de los textos de Ciencias
Naturales de quinto y sexto grado de primaria.
El cambio más importante en estos libros de texto es el nuevo enfoque
para el estudio de la sexualidad. La orientación de educación sexual, vigente
desde los años setenta, se sustituyó por el de educación para la sexualidad,
concepto que además de los aspectos fisiológicos, comprende también los
psicológicos y sociales.
Puesto que las autoridades de la Secretaría de Educación Pública, al
frente Ernesto Zedillo, determinaron realizar importantes modificación de los
contenidos sobre la educación sexual que se profesaba e incluida en los libros
de texto gratuitos para la educación primaria. Los temas que se difundían, sólo
eran tratados con una perspectiva exclusivamente anatómica y fisiológica. Por
lo que se decide darle un enfoque integral, en donde se consideraron, no sólo
los aspectos biológicos de la sexualidad y la reproducción humana, sino que se
otorgó mayor importancia a los componentes afectivos y éticos de la sexualidad.
Es importante destacar que en los textos del 92, se tuvo el propósito de
promover relaciones más equitativas entre hombres y mujeres, ya que en los
libros se intentó resaltar y reconocer el derecho a la equidad entre mujeres y
hombres, porque ambos han demostrado ser inteligentes, creativos, hábiles,
competentes y responsables.
En 1998 y 1999 correspondió editar dos nuevos libros de texto gratuitos
para quinto y sexto grados de primaria, y nuevamente, como en otros años, los
libros de Ciencias Naturales monopolizaron la atención. ¿El motivo?, el nuevo
enfoque para estudiar los contenidos relacionados con la educación para la
sexualidad. Porque en el sexenio de Ernesto Zedillo Ponce de León, se incluyen
contenidos cuya finalidad era forjar una cultura de la prevención. Para lo cual
se abordaron temas para prevenir sobre los efectos del alcoholismo, el
tabaquismo, el consumo de drogas, las enfermedades de transmisión sexual (como
el sida) y, el cáncer de mama, entre otros. Y cada uno de estos temas se
desarrollaron y explicaron acorde al grado de educación escolar, con el fin de
proporcionar y reforzar una cultura sobre salud en todos los niveles escolares.
A pesar de lo novedoso del enfoque y de los contenidos de enseñanza, para
algunas personas los libros de texto aún resultaban insatisfactorios.
El entonces Secretario de Educación, Miguel Limón Rojas, justificó ante
el Congreso Latinoamericano de Sexología y Educación Sexual el nuevo enfoque de
los textos. Limón Rojas dijo que “la educación debe
ser capaz de educar para la libertad, y que la formación para la libertad pasa
por el conocimiento, manejo, goce y ejercicio responsable de la sexualidad”. (Manual de
sexualidad infantil y juvenil, 1997). Ese nuevo enfoque trataba de erradicar, a
través de los textos, la desigualdad de la mujer, los embarazos prematuros, la
violencia intrafamiliar, los numerosos casos de abuso sexual y la proliferación
de enfermedades contagiosas. Problemas que comenzaban a vivirse y debían
tratarse.
El cambio de contenidos y del actual enfoque de enseñanza implicó que la
SEP editara materiales para la actualización de los maestros, como la Guía de estudio para maestros. Temas de educación sexual, equidad
de género y prevención de adicciones, y la guía y antología de lecturas
denominadas Mujeres y hombres en la escuela y la
familia. Estereotipos y perspectiva de género, y en agosto del
2000, el Secretario de Educación Miguel Limón Rojas presentó públicamente los
libros Sexualidad infantil y juvenil. Nociones
introductorias para maestras y maestros de educación
básica, así como cuatro textos que formaron parte de la serie “Los libros de
mamá y papá”: La sexualidad de nuestros hijos, El
amor en la familia, La violencia en la familia y Cuidado con las adicciones. (El Universal, 30
de agosto de 2000).
Fue notoria la cobertura que la prensa dio a la presentación de estos
libros, pero más evidente es la forma como se refirió a ellos en sus titulares.
Por ejemplo, aunque el libro sobre Sexualidad infantil
y juvenil aborda once diferentes temas, como la curiosidad sexual, el equilibrio
emocional, el desarrollo de la sexualidad, entre otros, la prensa destacó la
inclusión del tema relacionado con la homosexualidad, quizá por su novedad o
con la intención de urdir una polémica.
A continuación se mencionarán algunos titulares, como el del 30 de
agosto del 2000 del periódico Excélsior “Homosexualidad,
por primera vez en libros de primaria y secundaria”, o el del 31 de
agosto del mismo año y mismo diario “En un manual infantil
y juvenil se hace referencia a la homosexualidad”; y en el periódico
La Jornada del 3 de septiembre del 2000, escribieron en sus titulares:”Manual infantil y juvenil, hace referencia a la homosexualidad”, Así como este
tipo de notas de los diarios nacionales, también hubo varios cuestionamientos,
principalmente de parte de los medios electrónicos de comunicación, en los
cuales el Secretario de Educación Limón Rojas aseguró que el tratamiento en la
escuela de los nuevos temas estaba plenamente justificado ya que se estaban
viviendo y “ocultarlos sería un crimen y una negligencia por parte del Estado”
(Juárez, F y Gayet, C. 2005).
Por otra parte es relevante comentar que los textos aportaban
información sobre aspectos fundamentales de las relaciones sexuales: el amor,
el placer y las consecuencias de los embarazos no deseados.
Lo anterior, es totalmente cierto puesto que en las últimas décadas han
cambiado mucho las relaciones entre hombres y mujeres. Porque actualmente las
mujeres participan en actividades que antes eran consideradas exclusivas de los
hombres y se ha demostrado que se puede ser igualmente capaces en actividades
productivas, científicas, políticas o artísticas. Al mismo tiempo, cada vez es
más común encontrar varones que, cumpliendo con su responsabilidad, participan
plenamente en las tareas domésticas.
Además en los libros de Ciencias Naturales de quinto y sexto de primaria
se mostró que en los seres humanos la reproducción no es la única función del
aparato sexual. A diferencia del resto de los animales, sino que las relaciones
sexuales en los seres humanos son una manera de manifestar un sentimiento muy
importante, el amor a la pareja, y que implican una responsabilidad que se
alcanza en la etapa adulta, cuando las personas son capaces de controlar o
moderar sus actos y afrontar sus consecuencias.
Educación sexual en el gobierno conservador.
Cuando Vicente Fox Quesada llego a la presidencia de la República
(2000-2006), hubo temores de que existiera un retroceso en materia de educación
sexual; afortunadamente no lo hubo, pero tampoco avances. Lo que sí ocurrió fue
mayor aceptación en las instituciones sobre la educación sexual, incluso de
familias de católicos practicantes que reconocieron el esfuerzo por incorporar
en el currículo la educación sexual.
A pesar de la presiones de algunos grupos conservadores, a finales del
2003 el Secretario de Educación, Jesús Reyes Taméz Guerra, manifestó que no
habría cambios. Y con los revuelos que empezaban a darse a conocer sobre los
padres pederastas y las notas sobre Marcial Maciel y los legionarios de Cristo;
la jerarquía de la Iglesia Católica abandonó su lucha en contra de la educación
sexual para dirigir el cien por ciento de sus baterías al logro de la educación
religiosa en las escuelas y desmentir a toda costo las “falsas informaciones”.
Por otro lado, el doctor José Aguilar Gil, presidente de la Red
Democracia y Sexualidad (Demysex) que agrupa a más de 320 organizaciones
civiles de educación sexual y defensa de los derechos sexuales y reproductivos
en todo el país, consideró que si bien no habían existido cambios en los
contenidos de los libros, la SEP en el sexenio de Fox, sí les dio apoyo a
grupos ultra conservadores que ejercieron presión constante para que se
eliminará del artículo 3o. constitucional la referencia a la educación laica.
Para finales de diciembre del 2003, el Senado de la República Mexicana
aprobó dos reformas, que fueron el de la Ley General de Educación y la de
Protección de los Derechos de Niños, Niñas y Adolescentes, con el fin de
impartir una educación sexual integral, objetiva, orientadora, científica,
gradual y formativa, y desde el primer grado de primaria.
El objetivo principal de la reforma a la Ley General de Educación fue
que la educación sexual se imparta en todas las etapas escolares y no sólo a
partir del quinto año de primaria, como se encontraba en los libros de Ciencias
Naturales y establecido en los planes de estudio. Sino que debía incluirse en
las platicas con los niños desde el primer año de primaría, aunque no se
encontrarán en los libros de texto gratuito. Ya que la intención es el
desarrollo de una educación sexual seria y profesional, que lleve consigo el
establecimiento de mecanismos que permitan la revisión de los contenidos
educativos.
Dicha reforma se lleva a cabo a mediados del 2004, cuyo principal
interés era, según la senadora Lucero Saldaña, de extracción perredista, el que
“proporcione a la infancia la información
científica y sistematizada ante la sobre-exposición a contenidos sexuales de
que son objeto a través de los medios masivos de comunicación y que dificultan
el sano desarrollo de su sexualidad” (La Jornada, 2003).
En los libros de texto de tercero, cuarto, quinto y sexto grado de
primaria del 2004, ya se advierte o se desarrollan temas sobre violencia
sexual, así como temas sobre la convivencia entre hombres y mujeres que tiene
lugar en la adolescencia y que deben aprender que la agresión sexual, bajo
cualquier forma, es una manifestación de brutalidad y cobardía.
Por último cabe mencionar que en el sexenio de Fox, hubo un gran logro,
ya que el libro de ”Sexualidad infantil y juvenil” no se elaboro
estrictamente para los niños de tercero a sexto de primaria y para los tres
niveles de secundaria, sino, principalmente para los maestros que impartían
clases en esos niveles educativos. Porque ofrecer a los profesores información
básica y compartir algunas reflexiones para lograr que la educación sexual
adquiera cada vez mayor naturalidad en las escuelas y para que el maestro
pudiera tener un marco de referencia y así poder tomar decisiones ante
situaciones imprevistas y ante las preguntas o dudas de sus alumnos, así como
poder orientar a las madres o a los padres de familia en cuanto a la sexualidad
de sus hijos.
Mantener todos estos avances en relación a los contenidos y a las
publicaciones para la educación básica del país es una cuestión de orden o de
política social que implica, entre otras cosas, educar para la sexualidad a
niños y jóvenes, y no sólo dar información de reproducción o educación sexual.
A la llegada de Felipe Calderón, se pensó que se podrían continuar con
los avances en esa materia, pero en contraste, algunos sectores conservadores,
se manifestaron en el segundo año de gobierno, 2007 y pugnaron porque la
educación sexual fuera una materia optativa, tanto en el nivel de primaria como
en la secundaría y que los propios padres sean quienes decidan si sus hijos
deben o no tener esa información.
Afortunadamente esas pugnas no han tenido eco, pero si hubo un cambio en
los libros de primaria, ya que en el ciclo escolar de agosto 2008, se
distribuyeron los libros de Formación Cívica y Ética. Para la realización de
estos, se contó con el apoyo de diferentes instituciones y personalidades
reconocidas como: la UNAM, el Ejército y la Confederación de Cámaras
Industriales, el historiador Enrique Krauze, el compositor Armando Manzanero y
el filósofo Adolfo Sánchez Vázquez, por nombrar algunos.
Josefina Vázquez Mota, Secretaría de Educación Pública, hasta abril del
2009 en el presente sexenio, comento que el nuevo libro de Formación Cívica y
Ética, el cual contiene en un apartado información sobre educación sexual, que
dicho texto pretende alcanzar consenso entre ciertos actores sociales, porque,
de acuerdo con especialistas, no significa que el libro “sea bueno
pedagógicamente” ( La Jornada, 2008) y, por otro lado, al congratularse de la
inclusión de la enseñanza sexual en estos textos, destacó que una “verdadera
lección cívica y ética” de la dependencia sería evitar la exclusión del libro
del gobierno capitalino sobre educación sexual.
Al respecto, el texto “Tu futuro en
libertad “editado por el gobierno del DF, de contenido progresista y más acorde
con los propios planes de estudio de la SEP, ya que toca temas actuales, además
de llamar a las cosas por su nombre, como, pene, vagina, cachondo, venirse;
además de ponerle nombre y apellido a cada tema desarrollado. Y
desafortunadamente, ni el gobierno del local ni el federal, dejan a un lado sus
colores, y aunque los libros estén bien y sean aceptados por la población,
primero ponen de manifiesto las diferencias ideológicas que a la educación
sobre la sexualidad nada le importa.
Desde el ciclo escolar del 2008 y 2009 el libro “Tu futuro en libertad “se le ve circulan en varias
secundarías y preparatorias del Distrito Federal, principalmente de las
Delegaciones Iztapalapa, Magdalena Contreras y Cuauhtémoc, donde el gobiernos
federal y local aún sin especificar si se permitiría o fomentaría su
distribución. Pero, los maestros de esas delegaciones tal vez lo lleven en la
curricula del próximo ciclo escolar de agosto 2010, sea o no un libro de texto
oficial, pero si como un libro complementario y fundamental para cubrir una
deficiencia absoluta en el manejo de los temas de sexualidad que ocurre en el
currículum formal de la educación en el Distrito Federal.
Así, el texto del GDF, estructurado en forma de preguntas y respuestas,
explica sobre la masturbación: “las
investigaciones reportan que no causa daño físico ni mental; al contrario, te
ayuda a conocer tu cuerpo y en su caso a ensayar tu próxima vida sexual”, y el texto cita
beneficios que trae esta práctica, como aliviar la tensión sexual o, cuando se
practica en pareja, ser una forma de relación sexual segura que reduce el
riesgo infecciones de transmisión sexual y de embarazos no deseados.
Preguntas como: ¿Qué pasa durante la relación sexual? ¿Qué es el coito y
el sexo oral? ¿Qué es el condón femenino? ¿Qué hacer ante un embarazo no
deseado?, son algunas de las interrogantes que el texto responde de manera
directa, así como una explicación sobre cómo utilizar la anticoncepción de
emergencia y sobre cómo funcionan los servicios que ofrece el sistema de salud
capitalino para la interrupción legal del embarazo.
A pesar de que el libro ha despertado el interés de los adolescentes y
jóvenes (público objetivo), a finales del mes de noviembre del 2009, la Unión
Nacional de Padres de Familia anunció una campaña contra “el libro de la
muerte”, nombre que le dio la UNPF al libro publicado por el gobierno
capitalino.
Para concluir con este ensayo y de alguna forma continuar con la
imparcialidad o responsabilidad, creo relevante comentar que para en el
siguiente ciclo escolar, las y los profesores tendrán, como material
complementario al libro de texto de Formación Cívica y Ética, dos opciones más:
“Sexualidad y salud humana” editado por el gobierno
federal y “Tu futuro en libertad”. Dos opciones para poder elegir, lo importante
será, cuál de ellos trata los temas desde el punto de vista laico, científico,
sin verdades a medias, sin mentiras y desde el punto de vista de los derechos
humanos individuales. Así como el contestarse preguntas como: ¿el acceso a
información sobre anticoncepción y educación sexual, fomenta la promiscuidad o
en realidad constituye una protección racional contra sus consecuencias, o ¿La
educación sexual en la escuela disminuye o aumenta el embarazo adolescente?.
Conclusiones.
Después de revisar las diferentes etapas sobre los intentos y logros por
dar una educación sexual desde los niveles de primaria, ya sea por problemas de
sobrepoblación o para detener las enfermedades de transmisión sexual, o
simplemente para competir con el gobierno federal o local o viceversa. Urge
realmente reforzar la educación sexual. Pero entendida como parte integral de
la educación y la cultura general, no como simple propaganda o pelea de
ideologías.
Hoy día la educación sexual tiene y debe ser objeto de una política
sólida de Estado, ajena a la religión y a la política de partidos. La necesidad
de proporcionar una educación estructurada en materia de salud sexual y de sus
posibles consecuencias es a todas luces evidente.
Desafortunadamente la educación sexual ha sido institucionalizada para adolescentes sobre salud sexual, ya que ha tenido una historia larga y con muchos altibajos, una historia de grandes diferencias a tenor del cambio de gobiernos y de los vaivenes de la opinión pública. Esos cambios han quedado reflejados en el contenido y en las ideologías que estructuran los planes de estudios sobre salud sexual y la controversia pública que a menudo provocan. Como consecuencia, la educación sexual dista de ser un concepto homogéneo o unitario, dado que abarca, por el contrario, un amplio abanico de planes de estudios que difieren en cuanto a objetivos, amplitud, aplicación y contenido. La diversidad de enfoques queda de manifiesto en la nomenclatura utilizada para describir lo que en sentido amplio se designa como educación sobre salud sexual. Así por ejemplo, a los programas se les ha etiquetado en distintas ocasiones como educación para la vida familiar, salud sexual, desarrollo personal, aclaración de valores, o sea un "limítate a decir no", respeto al sexo y salud sexual humana.
Desafortunadamente la educación sexual ha sido institucionalizada para adolescentes sobre salud sexual, ya que ha tenido una historia larga y con muchos altibajos, una historia de grandes diferencias a tenor del cambio de gobiernos y de los vaivenes de la opinión pública. Esos cambios han quedado reflejados en el contenido y en las ideologías que estructuran los planes de estudios sobre salud sexual y la controversia pública que a menudo provocan. Como consecuencia, la educación sexual dista de ser un concepto homogéneo o unitario, dado que abarca, por el contrario, un amplio abanico de planes de estudios que difieren en cuanto a objetivos, amplitud, aplicación y contenido. La diversidad de enfoques queda de manifiesto en la nomenclatura utilizada para describir lo que en sentido amplio se designa como educación sobre salud sexual. Así por ejemplo, a los programas se les ha etiquetado en distintas ocasiones como educación para la vida familiar, salud sexual, desarrollo personal, aclaración de valores, o sea un "limítate a decir no", respeto al sexo y salud sexual humana.
Los intentos por afinar la eficacia de los programas tropiezan
inevitablemente con la preocupación moral sobre la legitimación de la actividad
sexual en la adolescencia.
El problema no es si las niñas y los niños deben recibir educación sobre
salud sexual, sino cómo y qué clase de educación van a recibir. Es imposible
apartar a la población infantil de las influencias sexuales. Modelos adultos de
comportamiento, la televisión y los anuncios comerciales los bombardean
constantemente, y dejar de prestar a las y los jóvenes información y servicios
apropiados y oportunos por temor a legitimar y alentar la actividad sexual no
es una opción viable y resulta contraproducente.
La educación sobre salud sexual puede lograr que las prácticas sexuales
de las y los adolescentes sean más seguras, pero no es, con frecuencia, el
elemento más influyente, de manera que el potencial de la educación para el
desarrollo dé pautas de comportamiento ya que debe evaluarse en el contexto de
otras influencias sobre la salud sexual de la población adolescente.
Desgraciadamente, si bien muchos programas educativos son innovadores y encuentran una buena recepción, sus efectos siguen sin medirse. Es muy poco probable, por consiguiente, que cualquier avance conseguido se incorpore a programas futuros. Las instancias normativas, preocupadas por la reacción de la opinión pública, carecen de datos de evaluación que respalden sus políticas.
Desgraciadamente, si bien muchos programas educativos son innovadores y encuentran una buena recepción, sus efectos siguen sin medirse. Es muy poco probable, por consiguiente, que cualquier avance conseguido se incorpore a programas futuros. Las instancias normativas, preocupadas por la reacción de la opinión pública, carecen de datos de evaluación que respalden sus políticas.
La educación sexual es una parte más de la educación vital que se
produce en el seno familiar. Sin embargo, hay muchos padres que prefieren
silenciar este aspecto. Y en verdad, aunque no hablen, siempre comunican. La
cultura actual, a pesar del desprejuicio o libertad con que se muestra a través
de los medios de comunicación, especialmente la televisión, no logra quebrar
arraigadas tendencias a silenciar o mirar a otro lado frente a este tema.
Si los padres, responsables directos de la educación sexual se ausentan,
es la Escuela quien deberá asumir esta responsabilidad. En el marco de que la
Educación es más que la transmisión de instrucciones y conocimientos, sino
fundamentalmente Educadores que preparan en el más amplio sentido del término,
a enfrentar, con actitudes de vida, valores, principios y conocimientos.
Bibliografía.
Astorga, Almanza Luis Alejandro (1987).
Genealogía y crítica de la política de población en México. México: UNAM,
Instituto de Investigaciones Sociales.
CONAPO. Encuesta sobre sexualidad en
jóvenes de educación básica (1988). Consejo Nacional de población. México.
— Política demográfica regional (1975). Consejo Nacional de Población.
México.
— Programa Nacional de Educación en Población (1992). Consejo Nacional
de Población,
México.
— Sexualidad, información básica para adolescentes (1992). Consejo
Nacional de
Población. México.
Foucault, Michel. (1987) La voluntad de
saber, Siglo XXI Editores. México.
García Alcaraz, María Guadalupe. (1996). El
centro de la Unión Nacional de padres de
familia desde 1917 a 1970. Consejo Mexicano de Investigaciones Educativas.
familia desde 1917 a 1970. Consejo Mexicano de Investigaciones Educativas.
González, Pedrero José. (1982). Los libros de
texto gratuitos. SEP. México.
Gobierno del Distrito Federal. (2008). Tu futuro en libertad. Por una
sexualidad y salud
Reproductiva con responsabilidad. Responsable. Álvarez-Gayou, Jugerson.
Juárez, F y Gayet, C. (2005). “Salud sexual
y reproductiva de los adolescentes en México. México.
Latapí, Pablo. (1971). Aportaciones al
estudio de la reforma educativa documental final.
SEP. México.
Meneses, Morales Ernesto. (1991). Tendencias
Educativas Oficiales en 1964-1976. CEE,
UIA. México.
Pico, Isabel. (1983) Machismo y educación.
UNAM. México.
SEP. Ley Federal de educación de la
Secretaría de Educación Pública (1979). México.
— Programas de Educación Primaria de primero a sexto grado, Secretaría
de Educación,
México, ediciones 1977, 1979, 1984, 1987.
— Libros de texto para Ciencias Naturales, tercer, cuarto, quinto y
sexto grado, Secretaría
de Educación Pública, México, ediciones 1974, 1978, 1979, 1984, 1987,
1989.
Navarra, Gabriela. (2002).
La educación sexual en la escuela disminuye el embarazo adolescente. Morata.
México.

No hay comentarios:
Publicar un comentario